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Educación Con Valores: El Pasaporte Para El Futuro

Educación con Valores: el pasaporte para el futuro

Hoy, más que nunca, la educación se presenta como el pasaporte imprescindible para impulsar el talento y cimentar una sociedad más humana, justa y sostenible. ¿Qué rol juega la comunidad educativa, las administraciones y las empresas en esta revolución? ¿Cuáles son los retos a los que el sistema educativo debe enfrentarse en un futuro inmediato? Marcas con Valores y Ethic reúnen a distintos expertos en un debate para reflexionar sobre los desafíos educacionales del siglo XXI.

Por Laura Zamarriego

Han cambiado el aula por el pasillo. Se reúnen en torno a una mesa y mantienen una relajada conversación en un inglés envidiablemente fluido. Pasamos por su lado, con temor de distraerlos con nuestra presencia. Ninguno de los cinco niños se inmuta. Tampoco la profesora, que, sentada sobre la misma silla diminuta que sus colegas de pupitre, se mimetiza con el grupo. Están en clase, aunque nadie -ni siquiera ellos- lo diría.

«Preferimos hablar de espacios educativos que de aulas», nos explica Luis de Lezama, fundador de esta escuela que abrió sus puertas en 2006, considerada como una de las 50 más innovadoras del mundo y reconocida como un caso de éxito por la OCDE. «Aquí, los alumnos no tienen exámenes, ni se llevan deberes para casa. En esta clase donde ahora nos encontramos, unos niños hacen matemáticas, mientras otros, en aquella esquina, estudian lengua, y otros, allí, escuchan música», cuenta el docente.

El Colegio Santa María la Blanca no está en Finlandia, sí en el madrileño barrio de Montecarmelo. Lo que hace especial a este centro no se ve ni se toca. «Estamos hablando de algo tan abstracto como los valores», matiza Lezama.

De educación y valores, en efecto, hemos venido a debatir en el marco del último Foro de Co-inspiración organizado por Marcas con Valores en colaboración con Ethic, que ha reunido a distintos expertos vinculados al mundo de la enseñanza en este escenario tan pertinente.

«A mí nunca me educaron en valores». El filósofo José Antonio Marina acude a un ejercicio de realismo para hacer una primera aproximación a ese concepto -el de valores- especialmente escurridizo que nos transporta a las teorías socráticas y aristotélicas. «Valores es una palabra muy moderna, que ha quedado como la simplificación de los temas éticos. La idea fundamental eran las virtudes, esto es, hábitos que inclinan a pensar o sentir de una manera u otra», continúa Marina. «Pero ¿acaso un asesino no actúa en base a -sus- valores?». Con esta digresión, el filósofo lanza una premisa: los valores no tienen por qué ser éticos.

«Los valores son aquellos aspectos de las personas, de los comportamientos, de las cosas o de las situaciones que las hacen ser agradables o desagradables, bonitas o feas, buenas o malas. En definitiva, que señalan metas. Todo el mundo educa en valores. La pregunta es: ¿qué valores?».

Según defiende el reputado pedagogo, hay que fomentar respuestas emocionales positivas, como la alegría, el altruismo o la compasión y desarrollar las virtudes de la acción, por ejemplo, la capacidad para mantener el esfuerzo o para enfrentarse a los problemas. En este sentido, «la educación es fundamental en la construcción de hábitos».

Y de los clásicos griegos al siglo XVIII: «El tutor no debe añadir preceptos, debe permitir que se descubran», dijo Jean-Jacques Rousseau. El Colegio Santa María La Blanca recoge el testigo. Su estrategia: situar al alumno en el centro del sistema educativo. «Hay que conocer a los alumnos y comprenderles, valorar la diversidad de formas de aprender y ofrecer distintas oportunidades, distintos caminos, para que cada uno desarrolle su autonomía en el aula y para que tenga un papel activo», sostiene Arantxa Garay Gordovil, directora de Innovación de la escuela. Al fin y al cabo, el colegio debe crear contextos apropiados para que los alumnos se desarrollen. «La educación no debe ser interventora; se trata de crear un campo de juego para que ellos vayan construyendo su propio criterio», arguye Ibai Martínez, cofundador de Teamlabs, que defiende el concepto de «aprender haciendo»: si yo soy capaz de resolver problemas cotidianos mediante mi acción, desarrollo más mi autonomía, estoy más motivado, materializo mis proyectos y gano en autoestima.

En opinión de Martínez, «los profesores son meros facilitadores». Algo que comparte Rafael Ávila, director y maestro de Primaria en el Colegio Mirabal y experto en Metodologías Innovadoras Emergentes. «El profe tiene que ser un gran conocedor de sus alumnos, saber sobre sus inquietudes y su vida social. Tenemos que preparar entornos de aprendizaje adaptados a sus necesidades. Recordemos que el cebo le tiene que gustar al pez y no al pescador. Queremos que se manifiesten, aprender de ellos, que nos ayuden a saber qué debemos mejorar y que formen parte activa de esas reformas», puntualiza. «El maestro tiene que ser, además, tremendamente motivador, fomentar hábitos para que los alumnos sean aprendices permanentes. No solo para la motivación del día a día, que es efímera, sino para que dure en el tiempo».

Rafael Ávila urge la necesidad de interactuar en un entorno multimedia, siempre y cuando esa tecnología abra nuevas posibilidades de aprendizaje. «A veces, menos es más», resume el experto. Elena Díaz-Alejo, Responsable de Asuntos Públicos y Ciudadanía de Samsung, incide en este punto:

«No se trata de incluir tabletas o pizarras digitales porque sí. La tecnología siempre es el medio, nunca el fin. Se trata de detectar cuáles son los desafíos más relevantes que presenta la sociedad y analizar dónde la tecnología podría aportar valor».

«La inteligencia se basa en el talento. El analfabetismo funcional tecnificado nos puede hacer muy vulnerables», advierte Marina.

«Es un error creer que sabemos todo a golpe de clic», coincide Isabel López Triana, profesora de Ética Empresarial en IE University. «La función de la ética es remover las conciencias, darle al alumno la capacidad de discernir. Cuando hablamos de ética hablamos de muchos grises. No se trata del conmigo o contra mí», argumenta. Tampoco puede entenderse la ética desde una visión cortoplacista.

«Para que los líderes del futuro sean humanistas tienen que pensar, leer, madurar las cosas. Solo a través de esa reflexión serán capaces de considerar la valoración ética de una idea, proyecto o emprendimiento. Cuando incluyen ese indicador estamos logrando esa máxima: que incorporen la ética en el día a día y en su visión a la hora de tocar cualquier decisión».

No olvidemos -apunta López Triana– que estamos formando a los líderes que tendremos en el futuro. Tampoco olvidemos que las generaciones no se acaban en la Z. Hemos de preguntarnos en las transformaciones que sobrevendrán de aquí a cincuenta años para anteponernos y saber adaptarnos.

Un dato: el 65% de los niños de primaria trabajará en empleos que aún no existen. «No sabemos qué nos depara en cuanto a las profesiones. Estamos empeñados en un currículo que no va a ser el adecuado para ese futuro. Nos centramos en Mates, Geografía, Historia… pero estamos ignorando esas habilidades que nos identifican como seres humanos y que nos permitirán diferenciarnos de esas máquinas que ya nos superan en otros muchos aspectos», anota Manuela Lara, directora de Proyectos y Desarrollos de Santillana.

Lo cierto es que la educación no avanza con la rapidez y el ímpetu con que la tecnología entra en las clases, lo que provoca una incontestable desconexión entre la demanda laboral y la oferta educativa. «La robotización ha empezado y es imparable. Pero no podemos exigir a la escuela y al sistema educativo que vaya a ese ritmo», sostiene Marisa Sarralde, secretaria general de Marcas con Valores.

«En este sentido, la empresa tiene un papel fundamental, un rol de agente de cambio. Debe ser parte activa del ecosistema educativo porque los alumnos de hoy son el talento del futuro. Esa contribución al progreso debe hacerse mediante alianzas público-privadas y siempre desde la coherencia de sus valores y propósito como compañía”, afirma.

«La empresa tiene, hoy más que nunca, un papel que jugar», coincide Marta González-Moro, CEO de 21gramos. «Lo que nos conecta con la siguiente generación es la educación. Es preciso pensar en términos de sostenibilidad, qué es lo que necesitamos y queremos como sociedad a medio y largo plazo».

José Luis Cabello, asesor técnico docente de la Subdirección General de la Formación de Profesorado en la CAM, concluye con un escenario esperanzador: «En este desafío en el que todos los actores sociales confluyen, no debería ser tan difícil llegar a un pacto educativo estable si pensamos en orientar la educación hacia el futuro en vez de pensar en los desencuentros del presente».

En un entorno cambiante e incierto, la educación se presenta, más que nunca, como el pasaporte imprescindible para impulsar el talento y cimentar la sociedad del futuro. Los responsables del proyecto educativo del Colegio Santa María la Blanca nos recuerdan: aprender a ser ciudadanos responsables y críticos es tan innegociable como aprender a leer o a escribir.

En este Foro de Co-Inspiración han participado:

  • José Antonio Marina, filósofo e impulsor de Universidad de Padres
  • D. Luis de Lezama. Fundador del Colegio Santa María la Blanca y Presidente de la Fundación Lezama
  • Marta González-Moro, CEO y Socia Fundadora de 21gramos
  • Pablo Blázquez, editor de la revista Ethic
  • Rafael Ávila, Director y maestro de Primaria  Colegio Mirabal. Experto en Metodologías Innovadoras Emergentes
  • Arantxa Garay Gordovil, Directora de Innovación del Colegio Santa María la Blanca
  • Elena Díaz, Responsable de Asuntos Públicos y Ciudadanía de Samsung
  • Manuela Lara, Dirección de Proyectos y Desarrollos GRUPO SANTILLANA
  • Ibai Martínez, Cofundador TEAMLABS
  • Marisa Sarralde, Secretaria General de Marcas con Valores
  • Isabel López Triana, Profesora de Ética Empresarial y RSC en IE UNIVERSITY
  • José Luis Cabello, Asesor Técnico Docente. Subdirección General Formación de Profesorado en CAM
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